13 TV y sus riesgos

Son muchos los cambios que se han producido últimamente en la parrilla de 13 TV; desde la sustitución de Alfonso Merlos al frente de sus informativos por un Alfredo Urdaci que según PRNoticias no acaba de despegar, a la intención de apostar por el fútbol y finalmente cancelar su programa nocturno estrella “La Goleada” tal y como nos hemos enterado hoy mismo a través de Vertele.

Igualmente hace unos meses el diario Infovaticana se refería a la deuda cercana a los 40 millones de euros que lleva arrastrando desde que comenzara sus emisiones en 2010; de los cuales según elconfidencial.com, 2.2 millones se van cada año simplemente en pagar el alquiler de su espacio en el múltiplex por el que emiten, propiedad de Veo Televisión.

Así que vamos a dedicarnos a hablar detenidamente sobre un tema al que posiblemente le dediquemos algún artículo más; analizando algunas cuestiones en este terreno de la televisión que hoy en día, más que nunca, es sumamente complejo y donde se mueven unos intereses muchos más poderosos a los de la radio, precisamente por el alcance e impacto que tiene en la ciudadanía.

Sobre el nombre

En primer lugar, para empezar, el nombre me parece fundamental; pues constituye el elemento sobre el que se construye la identidad corporativa de cualquier marca. Utilizar como nombre un número puede ser interesante en tanto que facilita su posicionamiento cuando el usuario vaya a configurar su lista de canales.

Pero si empleamos un número demasiado alto como el trece, lo que provoca precisamente es que la gente lo sitúe precisamente en el número trece del mando, es decir, a la cola de todos los canales. De hecho, cuando el Grupo Prisa creó su nueva emisora en sustitución de Canal +, pasando ésta al satélite, no la llamó ni “La Diez” (como así se denominó también la de Vocento), ni “La Trece”, ni ya puestos “La Veinte”, sino “Cuatro”, tan simple como eso. Y lo mismo podemos decir de Mediaset España en la creación de otras marcas como “La Siete” o “La Nueve” en su intento por acaparar las posiciones más fáciles del mando.

Así, pues, puestos a poner números en los nombres, yo la hubiera llamado por ejemplo “8 TV”, para diferenciarla de “8 Madrid” que ya existe, en lugar de intentar convencer a la gente de poner en el siete algo que en realidad empieza por trece.

La antenización

En segundo lugar, otro factor clave es el de la antenización. Es decir, si en las antenas colectivas no se ha instalado el correspondiente amplificador monocanal que permita a la gente al menos sintonizarte, de poco importarán los contenidos mejores del mundo. Sencillamente no existes.

Gracias a la TDT, no sé si este factor técnico le ha podido afectar mucho a 13 TV, precisamente por emitir en múltiplex ya antenizados correspondientes a antiguos canales analógicos. Pero no fue lo mismo en el caso de Canal 7, aquella aventura de TV local en Madrid del conocido productor José Frade. Comenzó a lo grande, con rostros conocidos como el de Agustín Bravo, Mayra Gómez Kemp, Julián Lago o Leticia Sabater.

Y no fue hasta que emitiera casualmente el polémico programa Tómbola, aprovechando su retirada de Telemadrid y el arrastre de sus seguidores, como la gente empezó a saber que existía. Pero para entonces ya era demasiado tarde. El Canal 7 se había gastado demasiado dinero en todo, menos en sufragar los gastos derivados de dicha antenización, que es por donde tenía que haber empezado.

Darse a conocer

Desgraciadamente hoy en día ni la mejor campaña de publicidad puede invitar a la gente a descubrirte, porque aquella época dorada del nacimiento de las primeras cadenas privadas, que yo bien recuerdo con nostalgia y en la que todo el mundo estaba pendiente de la televisión, ya pasó.

 Y son prácticamente sólo los grandes eventos futbolísticos los que permiten ese golpe de efecto en el mercado, en el que obligas a la gente a buscarte por una cuestión casi de necesidad.

Así lo hizo La Sexta, quien además de ser plenamente conscientes del tema de la antenización que citábamos, aprovechó especialmente el arrastre del Mundial de Fútbol. No habría mundial si no conseguías sintonizarla. Ésa fue desde luego su mejor campaña.

Así que, como no todo el mundo puede tener el privilegio de disponer de unos derechos tan codiciados como los de un mundial de fútbol, luego entenderemos por qué los medios comunicación tradicionales, sobre todo la televisión, están tan endeudados y a su vez son tan dependientes del poder.

El tipo de proyecto a desarrollar

Pero en cuarto lugar, también es importante tener muy claro el tipo de proyecto que queremos desarrollar; de modo que mantengamos una coherencia en nuestras actuaciones que eviten provocar cierta confusión y desconcierto de la audiencia en un momento dado.

Eso es lo que le pasó precisamente a Intereconomía TV. Empezó como una simple televisión temática centrada en el mundo de las finanzas; una fórmula interesante, pues su propuesta de valor se basaba en una temática claramente diferenciada, para un nicho de mercado muy concreto, y cuya fórmula le aseguraba un coste moderado, sin demasiados riesgos, durante la época en la que la TDT aún no era muy conocida y convivía con la televisión analógica.

Sin embargo, cuando llegó el deseado apagón analógico y quiso convertirse en una televisión generalista capaz de competir en igualdad de condiciones con los demás, se encontró en mi opinión con ciertos problemas y no sólo el referente al duopolio sobre la publicidad que siempre han manifestado, sino la contradicción con su proyecto inicial, empezando por el mismo nombre de Intereconomía; lo que acaba generando cierta confusión tanto respecto al público objetivo del que había partido inicialmente como en el nuevo público correspondiente a su nueva etapa.

Lo mismo veo también en 13 TV, pero con la trascendencia de ser el escaparate de la Iglesia Católica. Es decir, en su necesidad de supervivencia camina entre el proyecto de humanismo cristiano que dio lugar a su concepción y la imitación de ciertas fórmulas en el esfuerzo por integrarse en el mismo sistema que el resto de las televisiones; por lo que no llega a consolidar un proyecto claro, concluyente y coherente a largo plazo con sus principios, y generando desconcierto entre los que la valoraban por su modelo inicial, y los que tampoco acaban de ver en su nuevo modelo la rentabilidad publicitaria que esperaban.

Propuestas para 13 TV

Tener conciencia de lo que somos en relación a la realidad que nos rodea y los principios que nos dio lugar, es muy importante tanto para desarrollar un proyecto coherente como hemos dicho, como para marcarnos unos objetivos factibles y sobre todo saber cuáles son nuestras virtudes y limitaciones; de manera que podamos encajar esas virtudes con oportunidades si las hacemos coincidir con las demandas del mercado.

De hecho, éste es el esquema habitual en cualquier empresa, la satisfacción de las necesidades de sus clientes a través de determinados servicios . Sin embargo, el caso de la televisión en abierto es un tanto atípico, dado que en realidad los auténticos clientes son los anunciantes y no el espectador como consumidor final. Por eso nos encontramos con programas que, aun teniendo mucha audiencia, pueden no ser rentables; simplemente porque sus contenidos no interesan a los anunciantes o incluso a las centrales de medios y agencias que son los realmente distribuyen la publicidad entre las diversas emisoras a partir de las campañas que éstos les solicitan.

La realidad de 13 TV es que, pese a su doble juego, lo que representa en esencia desgraciadamente no parece demasiado compatible con los intereses de ese mercado publicitario o de las centrales de medios distribuidoras de esa publicidad como ya hemos comentado. Incluso más allá de cuestiones técnicas, posiblemente el verdadero proyecto de humanismo cristiano que inspiró y debería seguir inspirando la idea de 13 TV no encaje con ciertas tesis del actual capitalismo neoliberal (del que deriva, entre otras cosas, el relativismo moral que vivimos y el tipo de sociedad laica desarraigada se que quiere imponer); a no ser que 13 TV renuncie a su proyecto o entre en contradicción que con sus propios principios, como le está pasando.

Por lo tanto, en lugar de seguir en esa lucha, y a costa de morir tanto económicamente como en la desacreditación de su proyecto inicial; debería retomar ese análisis acerca de lo que somos desde el origen que nos vio nacer, y reflexionar cómo puede hacer coincidir sus fortalezas con oportunidades de un mercado que no tiene por qué ser exclusivamente el económico, ahí está el error, sino que en este caso puede y debe ser también el social.

Con ello no quiero decir que se trate ahora de eliminar las tertulias de actualidad y otros espacios, y convertirlo todo en una especie televisión evangélica, sino de reconfigurar su modelo de negocio hacia sus verdaderas fortalezas; aprovechando tanto su posición privilegiada desde la financiación de la Conferencia Episcopal, como de anunciantes surgidos de la propia sociedad civil, para apostar por un proyecto de televisión cuya sostenibilidad no pase ni por aspirar a simpatías políticas ni por el chantaje de los grandes anunciantes al que están sometidos el resto de medios; sino por el desarrollo de un gran espacio de libertad (que es lo mucha veces demandan los ciudadanos) que conforme al proyecto social y evangelizador de la Iglesia, represente la voz y voluntad de los católicos.

Ahora toca rezar al Gobierno

En fin, lo cierto es que es que al final las cuentas no salen. Se ha ido demasiado lejos, pagando lo que no está escrito sólo por emitir, y con un proyecto quizás, como suele pasar, con demasiada ilusión y poco realismo; como hubiera sido, se me ocurre, un canal de noticias con espacios de actualidad.

Ahora resulta que, como hemos dicho al principio, arrastrando una abultada deuda, 13 TV sólo podrá ser viable si de cara al nuevo concurso de TDT consigue su propia licencia para emitir a nivel nacional. Así que toca rezar al Gobierno.

Tiempo al tiempo y veremos al final qué ocurre, porque hay puntos muy controvertidos como el de la ley del aborto en el que la Conferencia Episcopal inevitablemente siempre estará de frente contra el Gobierno, por lo que al final no sé cuál será la decisión del Ejecutivo respecto a su ansiada licencia nacional.

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