¿Por qué “Madrid se muere”? La profunda reflexión como respuesta el desgarrador mensaje de Canal 33

“Quién es quien deja mal a quién” es el constante juego de los políticos y al que quieren que también se sumen los ciudadanos viéndose obligados a descubrir el acertijo de cada momento, cuando muchos no tienen ganas, ni tiempo, ni juicio crítico ni les importa; y lo único que ven es que sus problemas, lejos de resolverse, no paran de crecer.

Atrás quedaron aquellas cartas de ajuste de finales de los ochenta anunciando con ilusión la llegada de la tres primeras cadenas privadas de televisión en España. Atrás quedó la primera emisión de Antena 3 en 1989 y la de Telecinco y Canal+ más tarde a principios de los noventa. Y atrás quedaron también los tiernos momentos del nacimiento de otras cartas de ajuste, las de aquellas televisiones locales que comenzarían más tarde entre 1993 y 1995, incluido el Canal 33 de Madrid.

Ahora, recién realizado el tercer apagón televisivo (recordemos que primero fue el analógico en 2010 y después el del primer dividendo digital en 2014) asistimos a esta carta de ajuste cuyo título “Madrid se muere” es todo un símbolo de los convulsos tiempos que vivimos. Pero lo es mucho más la fotografía que ha inmortalizado Jesús Navarro en Twitter. Consciente o inconscientemente, no lo sabemos, lo cierto es que podría analizarse al más puro de estilo de los típicos exámenes de Historia del Arte cuando tocaban obras como “El Guernica” de Picasso

Y es que frente a una composición donde se aprecia una decoración exquisita, con un televisor plano de última generación y Full HD se sobreimpresiona una terrorífica carta de ajuste donde se puede leer “Madrid se muere”, no se sabe si como una realidad, un grito de auxilio, una denuncia social o una profecía de las tantas acertadas que se han hecho desde el popular espacio “Cuarto Milenio”; pero que sin duda expresa perfectamente el contraste entre la excesiva evolución tecnológica que nos rodea y la catarsis cada vez más profunda a la que asistimos de una sociedad inflamada que no hace más que supurar bilis por los cuatro costados.

Conscientemente o de forma casual lo cierto es que la narrativa visual de esta fotografía de Jesús Navarro es francamente brillante hasta el punto de que, si de un cuadro se tratase, podría asimilarse a las obras de cualquier artista contemporáneo; dibujando la desgarradora estampa de un mundo aparentemente armonioso, rodeado de la más alta tecnología y compuesto por formas de exquisita decoración (incluidas las de la carta de ajuste), que contrastan con la catarsis a la que asistimos bajo el mensaje apocalíptico de “Madrid se muere”, y que puede interpretarse como un grito de auxilio, una denuncia social, el reflejo de una triste realidad o incluso la profecía de lo que aún nos espera. Y es que parecemos querer emplear en nuestros hogares la mayor armonía y perfección para contrarrestar el caos entrópico en el que estamos sumidos; o bien podemos hacer una lectura conjunta como representación de ese caos inevitable integrado en la armonía entrópica de aceptarlo progresivamente y con total tranquilidad.

Y aquí permítannos que nos desviemos un poco de nuestra temática habitual, pero es el propio escenario, la campaña lanzada por Canal 33 y la propia noticia quienes nos invitan a ello; haciendo una profunda reflexión sobre todo lo que estamos viviendo.

 

¿Por qué Madrid se muere?

Desgraciadamente, mucho antes de que llegara esta pandemia lo cierto es que ya vivíamos en un mundo de involución y decadencia: una decadencia social, política y económica. Y el coronavirus no ha hecho sino culminar la decadencia de nuestras decadencias, mostrando todo un sistema caduco y desquebrajado por cuyas fisuras se ha terminado colando la depredación socio-emocional elevada a la categoría de liderazgo.

Y es que mientras cínicamente condenamos el bulling escolar paradójicamente consentimos una clase política que a menudo acostumbra a utilizar el descrédito al prójimo como su propia ley y medio de vida.

Pero el problema no reside en ellos, sino en la sociedad que les vota y los avala, y especialmente en el funcionamiento de los partidos políticos convertidos en semilleros de plantas carnívoras y trepadoras, cada cual con sus aguijones más venenosos y punzantes, que se van afilando conforme arañan y descarnan la piel de otros tan punzantes como ellos.

Al final, lamentablemente, quienes llegan a lo más alto no son los que más valen ni los más preparados para esa política de gestión que tanto se necesita ante situaciones como ésta de la pandemia, sino los que mayor número de víctimas han sabido acumular a su paso para encaramarse sobre ellas en la escalada de sus ambiciones infinitas de poder.

Y cuando llegan a la cúpula, después de haber dejado meandros de gente sin duda más brillante pero incapaces de competir con la estrategia del odio y la defenestración, luego no nos extrañemos que desde ese mismo poder utilicen al pueblo como carne de matadero, en la confrontación de sus respectivas luchas partidistas, para acabar convirtiéndolo en las mismas cenizas sobre las que seguir escalando bajo la referida estrategia del odio y la defenestración.

La Organización Mundial de la Salud, a través del director ejecutivo del programa de emergencias sanitarias, ha lanzado un duro mensaje a España ante el esperpéntico espectáculo entre el Gobierno Central y la Comunidad de Madrid que ha demostrado ante el mundo la manera en que nuestros máximos dirigentes saben cooperar y trabajar en equipo: “cuando los gobiernos difieren la gente muere” (Fuente de la foto: https://www.elconfidencial.com/espana/2020-10-09/oms-confinamiento-madrid-cuando-gobiernos-difieren-gente-muere_2783907/)

Y es que de la política que no sirve a los intereses del pueblo sino que se sirve del pueblo para sus propios intereses, un axioma ya nada original cuya costumbre se ha convertido en norma, hemos pasado a la política de guerra y propaganda donde lo importante es imponer el discurso sobre la realidad misma, llamando al día la noche y a la noche el día para que los adeptos a cada tribu sientan el sol cuando es de noche y la luna cuando es de día; ya que, como decimos, lo importante ya no es la realidad misma sino la batalla por el discurso en la percepción que la sociedad tenga sobre esa misma realidad.

De hecho, a pesar de que hay que reconocer que el confinamiento no deja de ser una opción de urgencia medieval, lo cierto es que somos el único país de Europa (si no del mundo) donde en lugar de transmitirse como una acción temporal y necesaria para proteger la salud de los ciudadanos, ahora se vende como un ataque generalizado a las libertades y derechos de esos mismos ciudadanos, casi como si de un estado de guerra se tratase o el sometimiento a una dictadura extrema que recuerda en Madrid una estrategia similar a la de Cataluña.

Lógicamente, en este contexto, no nos extraña que se empiece a ver a España no demasiado lejos de convertirse en un “Estado fallido”, tal y como recientemente se ha planteado el prestigioso diario suizo “Neue Zürcher Zeitung”, en un artículo de opinión escrito por Friedrich Leopold Sell, profesor de economía en la Universidad Bundeswehr de Múnich, presidente del consejo científico del Instituto de Investigación Económica de Halle y vicepresidente de estudios de la Academia de Negocios y Administración de Múnich.

¿Se imaginan que ponerse el cinturón de tráfico fuera vendido por alguien como una forma de esposarnos dentro de nuestros coches en lugar de una protección de nuestras vidas en caso de accidente, y por tanto, la gente se rebelara con no ponérselo o se enfrentara a los guardias de tráfico viéndoles como enemigos de su libertad? Pues esto es lo que en cierto modo está pasando con la manera en que a muchos ciudadanos se les está vendiendo últimamente el Estado de Alarma o cualquier medida que les lleve a confinarse temporalmente. Y es que en el fondo hemos cambiado el valor de la verdad por el de la credibilidad haciendo que cualquier mentira creíble acabe teniendo mucha más trascendencia que una verdad sin credibilidad. Es más, en este contexto donde las palabras han adquirido vida propia por encima de la propia vida, lo que importa, no es ya que un discurso se ajuste lo más posible a la realidad de unos hechos, sino que el discurso convenza de unos hechos con independencia de la realidad; habiendo retirado el foco de la amenaza del virus para situarlo exclusivamente en la amenaza de la tribu de al lado y la percepción que a cada cual le interese vender sobre virus. Todo para obtener de la sociedad las reacciones y comportamientos que mejor se ajusten a los respectivos réditos electorales. (Fuente de las fotos: RTVE)

Asimismo, frente a aquellos políticos nacidos en la época de Franco pero con un tono mucho más versallesco y conciliador durante la democracia, asistimos a la preocupante deriva de los máximos exponentes de la regenerada cúpula bipartidista que, aún habiendo nacido en la democracia, paradójicamente ostentan un peligroso espíritu guerra civilista que creíamos haber enterrado durante la etapa de Franco.

El resultado es que nunca antes habíamos desembocado en una judialización de la política, es decir, nunca antes la belicidad a la que hemos llegado está haciendo utilizar a los tribunales como auténticas armas de fuego, a ver quién es capaz de interponer el recurso más extravagante o la querella más gorda con tal de dilapidar al otro, no ya de la vida pública, sino incluso de su vida privada; en lo que significa que si no hubiera tribunales y en su lugar hubiera armas de fuego las emplearían de verdad.

Así que todo ello genera aún más confusión y deslealtad, agresividad, desconfianza en la clase política, incremento del individualismo e incitamiento a la indisciplina justificada en forma de rebelión en lugar de conseguir una conciencia responsable.

Al fin y al cabo ellos mismos y sólo ellos son los que han estado siempre jugando con la chispa de una sociedad inflamada por la precarización para detonarla contra el adversario como parte de esa munición necesaria en luchas personales sin límite que aprovechan la fractura social resucitada con el 11M y además la fanatiza desde sus dos bandos gracias a sus respectivos medios de comunicación.

Las palabras no son sólo los elementos con los que nos adueñamos simbólicamente de la realidad para expresarla, sino la realidad que muchas veces se crea con el uso simbólico de las palabras. En este sentido expresiones como “cerrar Madrid a punta de pistola” que hemos visto resonar en la Asamblea de Madrid para acusar al Gobierno Central, denotan la preocupante normalización de la belicidad lingüística con la que ciertos dirigentes tratan de buscar la carne de titulares que siempre necesitan para alimentar su ego; sin que parezca que ningún mecanismo jurídico regule la responsabilidad que debieran tener, no ya en la evidente carga belicista que subyace a tales palabras, sino en la manera en que éstas, a base de ser normalizadas en el plano simbólico, puedan acabar dibujando un clima de violencia innecesario y contraproducente para la vida real.
Tenemos que tener cuidado en programas como “Informe COVID” que se presentan como independientes (y, por tanto, más influyentes que el resto) de que los contertulios no caigan en la trampa constante de los políticos de tratar de polarizar a la sociedad; ya que desde el momento en que den más valor al error cometido por una parte frente a la otra, aunque las dos hayan errado, habrán roto cualquier contrapeso en la balanza con el riesgo de que el programa pierda el concepto de neutralidad del que presume. En este sentido, por ejemplo, en el programa del 1 de Octubre “qué hemos hecho mal” vimos más acertado el planteamiento neutral que hizo el doctor Gaona para describir la contradicción (y por tanto la mentira) entre dos líderes políticos, sin decir cuáles, que la calificación de “canallesca “que el doctor Carballo hizo de la actuación del ministro de Sanidad y que, aún siendo tan reprobable como las actuaciones de la Comunidad de Madrid, en seguida se leyó por parte del resto de medios como un posicionamiento del programa a favor de uno de los dos bandos; lo cual, como decimos, puede resultar contraproducente para su propio prestigio y aun cuando exprese claramente que no se hace responsable de las opiniones vertidas por sus invitados.

Y ahora nos sorprendemos con lo que está pasando ante la gestión del COVID.

Y efectivamente ahora son muchos los que se sienten desconcertados y en otros tantos no hace más que alentar la desconfianza, la falta de credibilidad, y lo que es peor, la indisciplina.

Y ahora son las instituciones extranjeras como la OMS las que tampoco dan crédito a lo que están viendo en España y lanzan un duro mensaje advirtiendo de que “cuando los gobiernos difieren la gente muere”, mientras la prensa extranjera también empieza a preguntarse si España no camina hacia un “Estado fallido”.

La respuesta está en toda una generación de la que los nuevos políticos son su reflejo educada en la incertidumbre y la constante precariedad junto al contexto de los nuevos valores del capitalismo moderno, esto es, el egoísmo extremo, la puñada vil y el odio rentable.

La respuesta está en que en ese mismo contexto ellos han encontrado productivo el hacerse expertos en arrinconar, desprestigiar y teñir con propaganda todo lo que toquen y a quien toquen a su alrededor.

La respuesta está, pues, en que hemos hecho de la depredación el liderazgo, del ladronicio virtud y de la ignominia el ejemplo y por contra los gestores, los científicos y los expertos se encuentran en los meandros de la vida pública dimitidos o apartados por ser nada o poco talentosos en la habilidad del odio.

Y la respuesta está en una justicia de papel estraza que dignifica al poderoso y humilla al débil haciendo inviolable la negligencia política, mientras agoniza en una estructura anquilosada, obsoleta y dinosáurica.

Así es desgraciadamente la España que entendemos que esta carta de ajuste pretende denunciar y que si nadie lo remedia así lo seguirá siendo por los siglos de los siglos, amén.

Desgraciadamente todas las querellas planteadas por posibles negligencias políticas han sido archivadas, no habiendo ningún juez que haya decido seguir adelante con alguna por parte de cada bando; aunque sólo sea para romper los discursos propagandísticos y crear una cierta concienciación socio mediática que ayude a cuestionar a la clase política y a que los propios políticos también se cuestionen; bien con dimisiones voluntarias o bien con mociones de censura que a su vez permitan encontrar, si es que los hay, dirigentes con suficiente experiencia en política de gestión. (Fuente de la foto: https://www.elconfidencial.com/espana/2020-09-14/la-fiscalia-pide-archivar-las-primeras-20-querellas-por-la-gestion-del-covid_2747916/)

Artículo de opinión escrito por nuestro blog Frecuencia Nueva de Radio y Televisión. Fuentes y enlaces relacionados: