La TDT y sus redes de frecuencia única ¿ventaja o pesadilla?

Por Francisco J. Santos. RPI

Sin duda, y a diferencia de la antigua televisión analógica, una de las ventajas que mejor definen a la TDT es su capacidad para transmitir utilizando siempre una misma frecuencia en todos sus emisores, consiguiendo así hacer un uso mucho más eficiente del espacio radioeléctrico. Es lo que se conoce como redes de frecuencia única.

En nuestro país eran redes de frecuencia única la antigua red SFN desplegada a nivel nacional correspondiente a los cuatro múltiplex privados que inicialmente se planificó entre los canales 66 y 69 de UHF; y son redes de frecuencia única los actuales múltiplex de TDT, tanto públicos como privados, que se emiten dentro de cada provincia.

Pero para que se dé esta cualidad sin que en la práctica se produzcan interferencias es necesario que se cumplan tres requisitos fundamentales.

En primer lugar, que lógicamente los correspondientes centros emisores estén transmitiendo la misma señal. En segundo lugar, que estén debidamente sincronizados de forma que la información de todos ellos se emita al mismo tiempo. Y en tercer lugar lo más importante, que se respete el llamado intervalo de guarda; pudiéndose definir como el espacio de tiempo establecido entre la recepción secuencial de cada símbolo binario durante el cual puedan llegar todas las señales retardadas; bien por la existencia de reflexiones a consecuencia de los obstáculos encontrados por la señal principal (lo que en analógico provocaba la doble imagen), o bien por la mayor distancia a la que puede estar un centro emisor respecto de otro cuando ambos emiten en la misma frecuencia; de manera que el receptor pueda, tanto descartar los símbolos repetidos en el mejor de los casos, como complementar ciertas carencias cuando la recepción de las respectivas señales no es suficientemente buena.

Ahora bien, esta ventaja que tan prometedora se anunciaba parece que no para de darnos quebraderos de cabeza, especialmente en un país como el nuestro donde los condicionamientos físicos y climatológicos acaban poniendo en entredicho cualquier teoría; y hasta el punto de llegar a plantearnos si no es peor el remedio que la enfermedad.

 

Historia de algunos problemas surgidos por las redes de frecuencia única en nuestro país

Esto ya lo adelantamos un poco en el artículo anterior de nuestro blog Frecuencia Nueva pero insistimos en ello, profundizando más si cabe. A lo largo de nuestra reciente y corta trayectoria en lo que llevamos de TDT desde el 2010, son varias las consecuencias que ha provocado el empleo de las redes de frecuencia única en nuestro país.

En primer lugar, la reducción de potencia de ciertos centros emisores o incluso el cese de algunos de ellos como el veterano de Navacerrada que alimentaba a muchos pueblos de Madrid; ya que, al margen de determinados intereses comerciales que también pueden influir, lo cierto es que cuando estamos ante tales redes de frecuencia única el excesivo rebasamiento de este tipo de centros podía alcanzar a otros emisores a grandes distancias; por lo que lógicamente el retardo de sus señales iba a ser tanto respecto a los segundos, que se situarían por encima del intervalo de guarda y la mayoría de los receptores no serían capaces de interpretarlo integrando la información de las respectivas señales como si de una sola se tratara.

De hecho, eso fue lo que ocurrió en 2011 con el conocido de Peña de Francia en Salamanca. Su alta potencia alcanzaba a otros repetidores como el de “Sierra de la Culebra” en Las Torres de Aliste, “El Viso” en Bamba del Vino y “El Teso“, en Riofrío de Aliste. Como el receptor de TDT captaba señal nada menos que de cuatro ubicaciones diferentes; por mucho intervalo de guarda, era casi imposible recomponer tanta información duplicada emitida por una misma frecuencia. Así que la solución, tal y como explicaba por entonces La Opinión de Zamora, era cuando menos rocambolesca. O bien disminuir la potencia de “Peña de Francia“, “El Viso” y “Las Torres“; por lo que aquellas zonas alimentadas por alguno de los tres no recibirían la TDT. O bien desenchufar el repetidor de “El Teso“, mejorando la calidad de recepción en el resto de emisores afectados por su influencia, pero a costa de dejar nuevamente sin TDT aquellas zonas para las cuales se decidió utilizar precisamente el mencionado repetidor de “El Teso“.

Así que consecuentemente, como ya hemos explicado en varias ocasiones en Frecuencia Nueva, para estas zonas complejas la tendencia ha sido la de ir añadiendo reemisores y reemisiores (la mayoría por iniciativa de los ayuntamientos afectados); en detrimento del uso de centros de gran cobertura, y que al tiempo que les viene muy bien a las empresas instaladoras, evidentemente dispara el gasto de las Administraciones Públicas.

Por poner un ejemplo, sólo en la Comunidad de Madrid, y desde que se produjera la clausura del referido centro de Navacerrada con el apagón analógico de 2010, el número de centros emisores totales ha pasado de los 44 contabilizados durante la anterior televisión analógica a los 63 actuales, según las tablas publicadas por el Ministerio de Industria. Sobre todo, el incremento más llamativo es el que se produce con Telemadrid (que recordemos era una de las emisiones que más ampliamente se cubrían desde lo alto de Navacerrada), pasando de sus 23 centros con la antigua televisión analógica a sus actuales 59; por tanto, aumentando en 36 los puntos de emisión (más del doble de los existentes en analógico), de los cuales 31 pertenecen a las llamadas áreas de extensión de cobertura, es decir, aquéllas que no entran en ese 98% y 96% de la población que respectivamente los radiodifusores públicos y privados tienen que cumplir por ley.

Eso por una parte. Pero una de las consecuencias más dramáticas es la que se produjo en la costa a causa del llamado “efecto fadding; una maravilla que permite que cuando el agua del mar alcanza una temperatura superior a 35ºC, ésta se comporte como un perfecto espejo consiguiendo la transmisión de las ondas a largas distancias; y gracias al cual, durante la antigua televisión analógica, han podido recibirse canales de otras comunidades autónomas colindantes en el litoral e incluso las emitidas desde las islas. Sin embargo, con las famosas redes de frecuencia única tal maravilla se terminó convirtiendo en la peor de las pesadillas. De modo que, como ya explicamos en nuestro artículo anterior, hubo que realizar para el litoral español la primera migración de frecuencias de las inicialmente planificadas entre los canales 66 y 69, aún cuando todavía no se había oído hablar del Dividendo Digital; y empezando a descartarse así por primera vez las redes de frecuencia única a nivel nacional.

Lo mismo podemos decir de las interferencias provocadas por el repetidor de Montánchez, en Cáceres; aunque en esta ocasión no por el “efecto fadding“, sino poque una vez más uno de los múltiplex planificados en la red SFN, concretamente el 67, coincidía con las emisiones de otro centro emisor en la vecina Portugal; lo que obligó a su apagado utilizando alternativamente el canal 39 y rompiéndose de nuevo el concepto de red de frecuencia única que había imperado hasta el momento.

Así que finalmente, probablemente por haberse demostrado tantos incidentes en la práctica, más la imposibilidad de que las televisiones privadas pudieran realizar desconexiones regionales para sus informativos en caso de que quisieran (como sí ocurre en TVE); por mucha eficiencia del espectro, termina dándose el carpetazo definitivo a la mencionada red SFN y se aprovecha el reciente proceso del Dividendo Digital para planificar redes de frecuencia única sólo nivel provincial. Aunque parece que sigue sin ser suficiente, bien por el riesgo de los centros a desincronizarse, o bien debido a ciertos factores meteorológicos que continúan haciendo de las suyas; de manera que señales que en otras condiciones no llegarían, terminan solapándose con aquéllas cuya distancia de nuevo es demasiado grande como para que el receptor sea capaz de considerarlas como una sola.

 

Soluciones

Con todo ello, pues, empezamos a poner sobre la mesa ciertos temas a debate de cara al nuevo Dividendo Digital que se nos avecina. Y una de las primeras cuestiones que los técnicos y autoridades competentes pensamos que deberían plantearse es: ¿hay que seguir primando el actual sistema de redes de frecuencia única? ¿o dada nuestra compleja orografía, entornos rurales y dispersión de la población no sería más adecuado ir hacia un modelo de redes multifrecuencia similar a como ya sucedía con la televisión analógica?

Bien es cierto que, como decíamos al principio, a priori puede resultar contradictorio a una de las mayores posibilidades de la TDT en cuanto a racionalización y eficiencia del espectro radioeléctrico; sobre todo cuando, por otra parte, nos lo dejan cada vez más recortado a favor de las nuevas redes de telefonía móvil, primero en los 800 Mhz (canales 61 a 69 de UHF) y después en los 700 Mhz (canales 50 a 59 de UHF).

Pero si lo pensamos detenidamente observaremos que, gracias a ciertas tecnologías como la nueva TDT2, se podrían transmitir hasta 20 emisoras en definición estándar o 6 en alta definición dentro de un mismo múltiplex; por lo que cabría reducir los ocho actuales a sólo cinco, destinando el espacio radioeléctrico restante a generar muchas más combinaciones de canales de UHF diferentes en los que emitir los respectivos múltiplex; y diseñando una planificación basada en pequeñas zonas llamadas “demarcaciones”, en las que la delimitación de las redes de frecuencia única a un ámbito no superior a unos 30 Km, también pueda asegurar, que de emplear centros emisores de mayor cobertura, sus señales nunca se solaparán con las de otras demarcaciones, ni dentro de la propia provincia ni fuera de ella, porque en cualquier caso siempre se emplearán frecuencias diferentes.

De esta forma, como detallaremos ampliamente en el siguiente artículo de Frecuencia Nueva, en el caso de la Comunidad de Madrid sus aproximadamente 60 centros podrían distribuirse desde agrupaciones de 15, dividiendo básicamente dicha comunidad en cuatro zonas o demarcaciones a partir de las cuales las frecuencias cambiarían (norte, centro – sur, este y oeste); a agrupaciones de 6 dividiéndola entonces en 10 demarcaciones; o incluso a agrupaciones más pequeñas de 4 emisores, obteniendo así hasta 15 demarcaciones; obviamente todo ello dependiendo también de las necesidades y posibilidades de cada zona.

Asimismo, y siguiendo con este ejemplo de la Comunidad de Madrid; si con la digitalización de uno de los centros más importantes de España como el de Navacerrada ya no fuera necesario contar con tantas estaciones reemisoras, se podrían reducir esos exactamente 62 emisores actuales a los 43 o incluso 24 que disponíamos con la anterior televisión analógica (según se considerara o no emitir también en él los múltiplex privados). De manera que al resultar una planificación mucho más sencilla, factible y con menos agrupaciones de emisores, el coste siempre será bastante menor en comparación a lo que en cualquier caso significará adaptar todos los 62 centros mencionados a las nuevas frecuencias del Segundo Dividendo Digital.

Finalmente, otra de la ventajas de este modelo respecto al actual es que además permitiría integrar las emisiones de televisión local dentro del múltiplex autonómico. Es decir, que si por ejemplo, en el repetidor de Guadalix de la Sierra se empleara el canal 48 de UHF como múltiplex para Telemadrid, en San Martín de Valdeiglesias el 37 y en Morata de Tajuña el 47; sin dejar de transportar la misma señal de la televisión autonómica en todos ellos, al corresponderse con canales radioeléctricos diferentes, también podrían añadirse en cada uno las respectivas emisiones de televisión local ahorrándonos gran parte de los múltiplex destinados a estas pequeñas televisiones. Y de la misma forma también posibilitaría a la propia Telemadrid a hacer desconexiones locales para ciertas zonas, imitando al modelo de otras autonómicas en comunidades autónomas más extensas.

 

Conclusión

Las redes de frecuencia única se anunciaban como la gran ventaja de la TDT en cuanto eficiencia del espacio radioeléctrico se refiere. Pero la compleja orografía de nuestro país, las condiciones climatológicas especialmente en el mar y una población más dispersa de lo que imaginamos, exige poner demasiados reemisores incrementando innecesariamente el coste de las Administraciones Públicas; de manera que lo que parecía tan ventajoso en la teoría quizás empiece a no resultar tan acertado en la práctica, si lo que queremos es lo que más nos importa: una recepción de calidad, y si puede ser, al menor coste posible.

La primera consecuencia ya la hemos visto. Ha sido la eliminación de la antigua red SFN a nivel nacional que comprendía los canales 66 a 69 de UHF aprovechando el reciente Dividendo Digital. Ahora las redes de frecuencia única son sólo a nivel provincial. Pero pese a ello, los problemas parece que siguen surgiendo. Por eso, aprovechando el siguiente Dividendo Digital; el gran paso hacia la TDT2 lograría la alta definición de la mayoría de los canales, al tiempo que reduciría el número de múltiplex empleados; utilizando así el espacio radioeléctrico restante en primar redes multifrecuencia frente a las de frecuencia única; y consiguiendo el uso de menos centros emisores y con más potencia para cubrir, de la manera más eficaz y al menor coste, las áreas poblacionales más dispersas que componen la mayor parte de nuestro territorio.

Elaboración propia de nuestro blog Frecuencia Nueva a partir de las siguientes fuentes y enlaces relacionados:

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