La TDT y sus redes de frecuencia única ¿ventaja o pesadilla?

Sin duda, y a diferencia de la antigua televisión analógica, una de las ventajas que mejor definen a la TDT es su capacidad para transmitir utilizando  la misma frecuencia o canal de UHF, consiguiendo así hacer un uso mucho más eficiente del espectro radioeléctrico. Es lo que se conoce como redes de frecuencia única.

En nuestro caso eran redes de frecuencia única la red SFN desplegada a nivel nacional correspondiente a los cuatro múltiplex privados que inicialmente se planificó entre los canales 66 y 69 de UHF; y son actualmente redes de frecuencia única los actuales múltiplex de TDT, tanto públicos como privados, que se emiten dentro de cada provincia.

Para que se dé esta cualidad sin que en la práctica se produzcan interferencias es necesario que se cumplan tres requisitos. En primer lugar, que lógicamente los correspondientes centros emisores estén transmitiendo la misma señal. En segundo lugar, que estén debidamente sincronizados de manera que la información de todos ellos se emita al mismo tiempo. Y en tercer lugar lo más importante, que se respete el llamado intervalo de guarda; pudiendo definirse como el espacio de tiempo establecido entre la recepción secuencial de cada símbolo binario durante el cual puedan llegar todas las señales retardadas, bien por la existencia de reflexiones en los obstáculos de la señal principal (lo que en analógico provocaba la doble imagen), o bien por la mayor distancia a la que puede encontrarse un centro emisor respecto de otro cuando ambos emiten en el mismo canal de UHF; de manera que el receptor pueda, tanto descartar los símbolos repetidos en el mejor de los casos, como complementar ciertas carencias cuando la recepción de las respectivas señales no es suficientemente buena (recomponiendo en cualquier caso la trama original como si de una única señal se tratase).

Ahora bien, esta ventaja que tan prometedora se anunciaba (y que en el fondo es más compleja de lo que creemos) parece que no para de darnos quebraderos de cabeza en la práctica; especialmente en un país como el nuestro donde los condicionamientos físicos y climatológicos acaban poniendo en entredicho cualquier teoría, y hasta el punto de plantearnos si al final no acaba siendo peor el remedio que la enfermedad.

 

Historia de algunos problemas surgidos por las redes de frecuencia única en nuestro país

Esto ya lo adelantamos un poco en el reportaje anterior; pero insistimos en ello, profundizando más si cabe. A lo largo de nuestra reciente y corta trayectoria en lo que llevamos de TDT desde el 2010 son varias las consecuencias que ha provocado el empleo de las redes de frecuencia única en nuestro país.

En primer lugar, la reducción de potencia de ciertos centros emisores o incluso el cese de algunos ellos como el veterano de Navacerrada que alimentaba a muchos pueblos de Madrid; ya que, al margen de determinados intereses comerciales que también pueden influir, lo cierto es que cuando estamos ante tales redes de frecuencia única (y más a nivel nacional) el excesivo rebasamiento de este tipo de centros podía provocar que dichas señales alcanzaran a otros centros a gran distancia; por lo que lógicamente el retardo de su señal respecto a los segundos iba a ser tanto, que se situaría por encima del intervalo de guarda y la mayoría de los receptores no podrían ser capaces de interpretarlo recomponiendo la información de las diversas señales como si se tratara de una sola.

De hecho, eso fue lo que ocurrió en 2011 con el conocido de Peña de Francia en Salamanca. Su alta potencia alcanzaba a otros repetidores como el de “Sierra de la Culebra” en Las Torres de Aliste, “El Viso” en Bamba del Vino y “El Teso”, instalado en la localidad de Riofrío. Como el receptor de TDT captaba señal de nada menos que de cuatro ubicaciones diferentes, por mucho intervalo de guarda, era casi imposible que interpretara tanta información duplicada emitida por una misma frecuencia. Así que la solución, tal y como explicaba por entonces La Opinión de Zamora, era cuando menos rocambolesca. O bien disminuir la potencia de Peña de Francia, El Viso y Las Torres; por lo que aquellas zonas alimentadas por alguno de los tres no recibirían la TDT. O bien desenchufar el repetidor “El Teso”, mejorando la calidad de la señal de aquellos repetidores afectados por su influencia, pero a costa de dejar nuevamente sin TDT aquellas otras zonas de sombra para las cuales se decidió utilizar exclusivamente el mencionado repetidor de “El Teso”.

Así que consecuentemente, como ya hemos explicado en varias ocasiones, la tendencia en estas zonas complejas ha sido la de ir instalando reemisores y reemisiores (la mayoría por iniciativa de los ayuntamientos afectados), en detrimento del uso de centros de gran cobertura y que al tiempo que les viene muy bien a las empresas instaladoras, evidentemente dispara el gasto de las Administraciones Públicas. Por poner un ejemplo, sólo en la Comunidad de Madrid, y desde que se produjera la clausura del referido centro de Navacerrada con el apagón analógico de 2010, el número de centros emisores totales ha pasado de los 41 contabilizados durante la antigua televisión analógica a los 63 actuales según las tablas publicadas en la web del Ministerio de Industria. Sobre todo el incremento más llamativo se produce con Telemadrid (que recordemos era una de las emisiones que más ampliamente se cubrían desde lo alto de Navacerrada), pasando de sus 23 centros con la antigua televisión analógica a sus actuales 59; es decir, aumentando en 36 los puntos de emisión, más del doble de los 23 existentes en analógico, de los cuales 31 pertenecen a las llamadas áreas de extensión de cobertura, es decir, aquéllas que no entran en ese 98% y 96% de la población que respectivamente los radiodifusores públicos y privados tienen que cumplir por ley.

Eso por una parte. Pero una de las consecuencias más dramáticas es la que se produjo en la costa a causa del llamado efecto fadding; una maravilla que permite que cuando el agua del mar alcanza una temperatura superior a 35º ésta se comporte como un perfecto espejo consiguiendo la transmisión de las ondas a largas distancias y gracias al cual durante la antigua televisión analógica han podido recibirse canales de otras comunidades autónomas colindantes en el litoral, también los procedentes de las islas e incluso ya con la TDT la recepción de señales de España en Italia. Pero que con las famosas redes de frecuencia única tal maravilla se terminó convirtiendo en la peor de las desgracias. Y finalmente, como ya explicamos en el artículo anterior , hubo que realizar para el litoral español la primera migración de frecuencias de las inicialmente planificadas entre los canales 66 al 69; aún cuando todavía no se había oído hablar del dividendo digital y empezando a descartarse así, también por primera vez, las redes de frecuencia única a nivel nacional.

Lo mismo podemos decir del repetidor de Montánchez en Cáceres quien también protagonizó ciertos episodios, aunque esta vez no por el efecto fadding, sino porque una vez más la planificación de los múltiplex privados entre el 66 y el 69 provocó que canales como el 67 interfirieran en la vecina Portugal; por lo que igualmente terminó utilizándose alternativamente el canal 39 rompiéndose de nuevo el concepto de red de frecuencia única.

De modo que finalmente, probablemente por haberse demostrado tantos incidentes en la práctica, más la imposibilidad de que las televisiones privadas pudieran realizar desconexiones regionales para sus informativos en caso de que quisieran (como sí ocurre en TVE); por mucha eficiencia del espectro, termina dándose el carpetazo definitivo a la mencionada red SFN y se aprovecha el reciente proceso del dividendo digital para planificar redes de frecuencia única sólo nivel provincial. Aunque parece que sigue sin ser suficiente; ya que, desgraciadamente cuando nos encontramos en zonas limítrofes y poblaciones especialmente dispersas, la tendencia ya comentada a instalar tantos reemisores también multiplica los riesgos y esfuerzos para mantenerlos todos sincronizados, y por otra parte, ciertos factores meteorológicos como la niebla continúan haciendo de las suyas; de manera que señales que en otras condiciones no llegarían terminan solapándose con aquéllas cuya distancia es demasiado grande como para que de nuevo el receptor sea capaz de considerarlas como una sola.

 

Soluciones

Con todo ello, pues, empezamos a poner sobre la mesa ciertos temas de debate de cara al nuevo dividendo digital que se nos avecina. Y una de las primeras cuestiones que los técnicos y autoridades competentes pensamos que deberían plantearse es: ¿hay que seguir primando el actual sistema de redes de frecuencia única? ¿o dada nuestra compleja orografía, entornos rurales y dispersión de la población no sería más adecuado ir a un modelo de redes multifrecuencia similar a como ya sucedía en la televisión analógica?

Bien es cierto que, como decíamos al principio, a priori puede resultar contradictorio a una de las mayores posibilidades de la TDT en cuanto a racionalización y eficiencia del espectro radioeléctrico; sobre todo cuando por otra parte cada vez nos lo dejan cada vez más recortado a favor de las nuevas redes de telefonía móvil, primero en los 800 Mhz (canales 61 a 69) para el 4G y después en los 700 Mhz (canales 50 a 59) para el futuro 5G.

Pero si lo pensamos detenidamente observaremos que gracias a ciertas tecnologías como la nueva TDT2, se podrían introducir hasta 20 emisoras en definición estándar o 6 emisoras en alta definición dentro de un mismo múltiplex, por lo que se podrían reducir los ocho múltiplex actuales a sólo cinco; destinando el espacio radioeléctrico restante a producir muchas más combinaciones de canales de UHF diferentes en los que emitir los respectivos múltiplex; y diseñando una planificación basada en pequeñas demarcaciones en las que la delimitación de las redes de frecuencia única a un ámbito no superior a unos 30 Km también pueda asegurar, que de emplear centros emisores de mayor cobertura, sus señales no se solaparán con los de otras demarcaciones, ni dentro de la propia provincia ni fuera de ella, porque en cualquier caso siempre se emplearán frecuencias diferentes.

De esta forma, como detallaremos debidamente en el siguiente artículo, en el caso de la Comunidad de Madrid sus aproximadamente 60 centros podrían distribuirse desde agrupaciones de 15 dividiendo básicamente dicha comunidad en cuatro zonas o demarcaciones diferentes a partir de las cuales las frecuencias cambiarían (norte, centro – sur, este y oeste); a agrupaciones de 6 dividiéndola entonces en 10 demarcaciones o incluso grupos más de reducidos de 4 emisores disponiendo en este último caso de hasta 15 demarcaciones; casi pudiendo asignar múltiplex propios y diferentes a cada centro emisor.

La ventaja de estos últimos casos es que también se podrían integrar las emisiones de televisión local dentro del múltiplex autonómico, ahorrándonos la red de múltiplex destinados a estas emisiones. Es decir, que si pongamos por caso, en el repetidor de Guadalix de la Sierra se empleara el canal 48 de UHF como múltiplex para Telemadrid (asimilándonos a los antiguos canales planificados para la televisión analógica), en San Martín de Valdeiglesias el 37 y en Morata de Tajuña el 47; sin dejar de transportar la misma señal de la televisión autonómica en todos ellos, al corresponderse con canales de UHF diferentes, también podrían añadirse en cada uno sus respectivas emisiones de televisión local evitando recurrir, como decimos, a una red de múltiplex a parte sólo para estas pequeñas televisiones. Y de la misma forma se posibilitaría a la propia Telemadrid a hacer desconexiones para posibles informativos locales en determinadas zonas, imitando al modelo de otras autonómicas en comunidades autónomas más extensas.

Por otra parte, si con la adopción de este modelo se contemplara con más razón la digitalización de centros emisores como el de Navacerrada y ya no fuera necesario emplear tantas estaciones reemisoras pudiéndose reducir los 63 centros actuales a los 41 inicialmente contemplados con la televisión analógica, entonces resultarian muchas menos agrupaciones de emisores en caso necesario; y el coste siempre será mucho menor si lo comparamos con adaptar los 63 centros que en cualquier caso implicaría la migración a las nuevas frecuencias resultantes del segundo dividendo digital.

 

Conclusión

Las redes de frecuencia única se anunciaban como la gran ventaja de la TDT en cuanto eficiencia del espacio radioeléctrico se refiere. Pero la compleja orografía de nuestro terreno, las condiciones climatológicas especialmente en el mar y una población más dispersa de lo que imaginamos exige poner demasiados reemisores incrementando innecesariamente el coste de las Administraciones Públicas; de manera que lo que parecía tan ventajoso en la teoría quizás empiece a no resultar tan acertado en la práctica, si lo que queremos es lo que más nos importa, una recepción de calidad, y si puede ser, al menor coste posible.

La primera consecuencia ya la hemos visto. Ha sido la eliminación de la antigua SFN a nivel nacional que comprendía los canales 66 a 69 aprovechando el reciente dividendo digital. Ahora las redes de frecuencia única son sólo a nivel provincial. Pero pese a ello, los problemas parece que siguen surgiendo. Y posiblemente aprovechando el siguiente dividendo digital que se nos avecina y una nueva migración de frecuencias, el gran paso hacia el mayor ancho de banda que permite la TDT2 lograría la alta definición de la mayoría de los canales al tiempo que reduciría el número de multiplex empleados; utilizando así el espacio radioeléctrico restante en primar redes multifrecuencia frente a las de frecuencia única, y consiguiendo el uso de menos centros emisores y con más potencia para cubrir de manera más eficaz y con menos coste las áreas poblacionales más dispersas que componen la mayor parte de nuestro territorio.

Elaboración propia de nuestro blog Frecuencia Nueva a partir de las siguientes fuentes y enlaces relacionados:

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