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Reflexiones ante los problemas con la TDT: el reciente caso de los pueblos de Salamanca limítrofes con Ávila

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“Un vecino sintoniza La1, la única que ven en varios municipios del este salmantino” según el pie de esta misma foto publicada por el Diario de Salamanca (Fuente: ver enlaces relacionados)

Si bien hablábamos de las deficiencias técnicas en los pueblos de la sierra norte de Madrid, o de las que también se producían en numerosos pueblos del sur de Segovia; ahora le toca el turno a otros tantos pueblos de Salamanca lindando con Ávila (y no pocos) como Rágama, Paradinas de San Juan, Poveda de las Cintas, Bóveda del Río Almar, Salmoral, Aldeaseca de la Frontera, Cantaracillo, Villaflores, Palaciosrubios o Zorita de la Frontera según publica la Gaceta de Salamanca. De hecho, parece ser que a muchos de ellos les han amargado hasta las uvas, y sus alcaldes se han unido recogiendo firmas para acudir a la diputación o a la junta de Castilla y León exigiendo soluciones.

 

Un problema que no parece puntual y que encierra cuestiones de mayor calado

Efectivamente, esto de las deficiencias en la TDT no es nada nuevo ni parece consistir en problemas puntuales, sino que tienden a reproducirse coincidiendo curiosamente siempre con zonas limítrofes y poblaciones rurales. Y sí. Como en el caso de Segovia, se vuelve a decir que la causa son las inclemencias del tiempo, en concreto la niebla; como también se decía que la lluvia era la causa de que ciertos túneles de la M-30 en Madrid se inundaran. Pero la causa real estaba en que, por el motivo que fuere, hubo imperfecciones por donde el agua se coló. Y lo mismo podríamos decir de aquellos edificios que aguantan y otros que se desmoronan al primer temblor en zonas cuya actividad sísmica ya se conoce y sus constructores tienen que considerar.

Así que, por analogía con estos ejemplos, sabemos que España es un país orográficamente complejo, que cualquier señal digital es especialmente sensible (también a las interferencias) y que en cualquier caso siempre se produce un efecto abrupto en la pantalla en forma de pixelaciones o directamente nos deja el típico mensaje de “no hay señal”. Pero también sabemos que detrás de estos condicionamientos se esconden toda una serie de cuestiones tanto técnicas como de gestión de mayor calado; y entre las que no todo puede deberse a la falta de repetidores, sino también a un plan técnico de TDT que aún puede presentar muchas impurezas, así como la posible necesidad de optimizar la organización de la propia red de difusión; de manera que son realmente estos factores los que sumándolos a los anteriores pueden acabar provocando las dificultades y carencias ya señaladas.

 

Los problemas de gestión

Empecemos por éstos. Nos encontramos con que hay zonas de población muy dispersa, alejadas de los grandes núcleos de población, que es donde precisamente la señal es deficiente. Una consulta pública realizada por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo en 2014 reconoce que “la cobertura de la televisión analógica en España, en el año 2007, llegaba a más del 98% de la población, en parte debido a centros emisores instalados por diferentes Administraciones regionales o locales (CCAA, Diputaciones, Entidades Locales, etc.), siendo España el país de Europa con mayor cobertura de televisión analógica”. Sin embargo, prosigue: “las obligaciones de cobertura fijadas para la TDT a los radiodifusores de ámbito nacional, de acuerdo a lo previsto en el RD 944/2005 de 29 de julio (96% para radiodifusores privados y 98% para los públicos), era menor que la cobertura analógica preexistente. Y aquí está una parte importante de la cuestión, no debiendo confundir población con territorio. Porque si ese 96 y 98% se concentra en las capitales de provincia y alrededores, efectivamente los muchos pueblos que se encuentran dispersos a lo largo de la extensa geografía española quedan sin cubrirse.

Así que siendo “evidente la existencia de un fallo de mercado que implicó que las autoridades españolas (no) fomentasen la digitalización de estas zonas , tal y como sigue explicando el Ministerio, se adopta la solución de firmar diferentes acuerdos marco de colaboración con las Comunidades Autónomas a fin de cofinanciar el coste de digitalizar aquellos centros considerados fuera de la “cobertura oficial, en lo que se ha venido a llamar “áreas de extensión de cobertura”

La cuestión es por qué el citado el RD 944/2005 de 29 de julio y el actual RD 805/2014 de 19 de septiembre no han establecido mayores exigencias a tales radiodifusores, si se sabía que la red desplegada en analógico era muy superior a la actual, y si además hay informes como el de la evaluación del Plan Nacional de Transición a la TDT (página 87) que señalan que para equiparar la antigua cobertura analógica a la actual habría que implementar unos 3680 centros emisores para el RGE de TVE y 2750 para los múltiplex privados, frente a los 1050 estimados en un caso y 1900 en otro; y eso que desde 2009 y después de las actuaciones de dichas comunidades autónomas esa cantidad habrá aumentado.

Como decimos, nos preguntamos por qué y posiblemente la razón se encuentre en que los radiodifusores privados tendrían que realizar una inversiones muy elevadas para la baja rentabilidad comercial que les supone llegar a estas zonas tan reducidas en términos poblacionales, sobre todo teniendo en cuenta que hay otras tecnologías como el satélite que las consideran mucho más eficaces; y que especialmente para éstos últimos la televisión ha dejado de ser considerada un servicio público esencial para convertirse en un servicio de interés general. Esto lo explica muy bien Juan Ruiz Alzola en su artículo La pesadilla de la TDT

Los problemas con la Unión Europea

Por otra parte, resulta que como para conseguir cubrir esas “áreas de extensión de cobertura” se ha hecho vía cofinanciación del Estado con las Comunidades Autónomas (que a su vez han terminado financiando a través de subvenciones nuevos centros emisores puestos en marcha por los ayuntamientos), la utilización de estas subvenciones para favorecer la tecnología terrestre y sus empresas afines rompe el principio de neutralidad tecnológica señalada por la Comisión Europea (en el sentido de impedir la libre competencia de otras soluciones, como el satélite, o bien esas ayudas tendrían que ser extensibles a todas las posibilidades). De manera que la citada Comisión, tras reiteradas advertencias, ha terminado denunciando a España ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea y según ha publicado recientemente El País, ésta ha sentenciado la obligación de devolver gran parte de estas ayudas, como por ejemplo los 46 millones de euros otorgados para la extensión de cobertura en zonas remotas en Castilla La Mancha, a las que se suman otros 260 millones de otra sentencia anterior respecto a las ayudas que también se concedieron para el proceso de conversión a la actual TDT. El Gobierno ahora dice que ello supone un peligro para muchos de estos pueblos que pueden perder el acceso a la televisión digital terrestre y gratuita. ¿Pero por qué no se había previsto antes?

Al final, lo cierto es que antiguamente teníamos entre cinco y siete canales en UHF (dos de TVE, tres de las privadas y uno o dos de las autonómicas), más luego apareció La Sexta y se añadió uno más sumando hasta ocho (lo que hoy equivaldría a los ocho múltiplex de media que tenemos) y no recordamos que se registraran tantos problemas en una televisión como la analógica que se presumía mas conflictiva y de menor calidad.

Además, en sus inicios también contábamos con una empresa como Retevisión cien por cien pública (propietaria de toda la red de difusión). Sin embargo, ahora que una liberalización del sector podría suponer mayores oportunidades parece que nos trae de cabeza. O es que, como decimos una vez más, las cosas no se han hecho ni previsto suficientemente bien cuando llegamos a estos núcleos rurales, tan reducidos y dispersos, pero que son el alma de muchas zonas de España.

 

Los problemas técnicos

Esto en cuanto a los problemas de gestión y con la UE. Pero no son menos los relacionados con las cuestiones técnicas que pasamos a abordar en la tercera parte de nuestro reportaje; y en las que, por cierto, también pueden confluir ciertos intereses económicos que al final no acaban obrando necesariamente a favor de los usuarios y las Administraciones Públicas. Y es que, a pesar de esa deficiencia de centros emisores de la que se habla ¿está suficientemente organizada la red actual para la forma de funcionar la TDT dentro de nuestra compleja orografía? O dicho en otras palabras ¿una proliferación poco ordenada de tantos microemisores para cubrir esas áreas de extensión de cobertura no puede también aumentar el riesgo de conflictos entre ellos, no siendo siempre la ausencia de la señal lo que provoque las deficiencias sino la mala calidad de la misma? Por otra parte a tenor del reciente Dividendo Digital ¿se ha hecho un plan técnico en la asignación de las nuevas frecuencias lo suficientemente previsor respecto al estudio de esa red consecuente con tal orografía? ¿O las prisas han condicionado la manera de utilizarse muchas de estas infraestructuras, recordando a los agujeros por los que luego se colaba el agua cuando llueve en los túneles de la M-30?

Como vemos, son varias las preguntas que seguimos haciéndonos y también pueden serlo sus respuestas. En primer lugar, puede ser que como decíamos, la única solución a los problemas de señal no sólo consista en instalar nuevos centros emisores, sino que también puede haber situaciones en los que se puedan aprovechar los ya existentes (simplemente dotándolos de más potencia o digitalizando otros similares). Y es que al menos en el caso de Madrid, que es el que más conocemos, parece claro que el haber impedido la digitalización del centro emisor de Navacerrada (cesado en cuanto a televisión se refiere desde que se produjera el apagón analógico de 2010) ha provocado sufragar muchos pequeños reemisores instalados posteriormente por los ayuntamientos que posiblemente, de no ser así, se podría haber evitado. No sólo eso, sino que cuando se produce un proceso como el del reciente Dividendo Digital el coste de adaptar todas estas infraestructuras para emitir en las nuevas frecuencias también se multiplica (dependiendo del número de reemisores instalados) en lugar de lo que significaría utilizar uno sólo, cuyo coste siempre será menor para las Administraciones Públicas. Y, sin embargo, lo más curioso es que al final no por ello disminuye el riesgo de interferencias (que es el principal argumento  que se empleó para no emitir en TDT desde Navacerrada), sino que también pueden aumentar; ya que por lógica a más señales replicadas más esfuerzo de que todas se encuentren perfectamente sincronizadas, siendo siempre más fácil que entre cinco reemisores, pongamos por caso, uno de ellos se averíe o se desincronice del resto que si hay uno sólo.

Por otra parte, también nos quedan muchas dudas sobre si una de las características de la TDT, que es precisamente la emisión en una misma frecuencia (lo que se conoce como redes de frecuencia única) no está generando en nuestro país más quebraderos de cabeza que beneficios. Recordemos. Primero fueron los territorios de la costa los que empezaron a registrar problemas como consecuencia del llamado efecto fadding a través del mar; lo que obligó por primera vez a realizar una migración previa a otras frecuencias en estas zonas cuando aún existía la red SFN del 66 al 69 en UHF, y todavía estaba muy lejos el Dividendo Digital.

Después terminó por eliminarse dicha red SFN en todo el territorio nacional dejando en la actualidad que dichas redes de frecuencia única sean sólo a nivel provincial (pero, claro, siempre y cuando la organización de los múltiplex esté bien hecha). Y aún así, como decíamos al principio, parece que siguen persistiendo los problemas, debiendo evaluar cada situación para saber si todo consiste en una ausencia de señal o en las afectaciones entre distintas señales; dado que casualmente siempre solemos encontrarnos con zonas muy fronterizas y los factores climatológicos no siempre pueden actuar de obstáculo, sino al contrario; también favorecer la propagación y el cruce de esas señales que en otras condiciones no se producen.

Y por último no podemos olvidarnos de los problemas de planificación. Efectivamente, ya vimos cómo en el caso de Segovia se mezclaba en el canal 59 del MPE2 (múltiplex privado estatal) una señal correspondiente al múltiplex autonómico de Castilla y León desde Zamora; precisamente por la emisión en el mismo múltiplex y en zonas relativamente cercanas (dos provincias colindantes), de señales correspondientes a dos redes diferentes (la autonómica y la estatal). Y lo mismo podríamos decir en el caso de la televisión de Extremadura,  tal y como comentaban en el foro de mundoplus.tv, presentando problemas en ciertas zonas de Toledo por coincidir con el mismo múltiplex de la demarcación local de Talavera.

 

Conclusión

Con todo ello, pensamos que habría hacer un análisis detenido de todas estas cuestiones por las Administraciones y organismos correspondientes. Las conflictos legales y administrativos competen a los tribunales y ello parece que ya se ha dirimido en las instancias europeas como últimamente se ha producido en otros muchos temas como las cláusulas suelo, los derechos laborales de los interinos o las contrataciones temporales encadenadas especialmente en la sanidad que encubrían la necesidad de puestos fijos. Pero el rigor y la eficiencia de una buena organización en la red terrestre y un estudio cuidadoso en la asignación de frecuencias es necesario que desde el principio sea mejorada por quienes sean las autoridades competentes para ello. Por eso, como ya hablaremos largo y tendido en los próximos artículos y reportajes, lejos de presentarse el segundo dividendo digital como un nuevo inconveniente, creemos que puede convertirse en una segunda y gran oportunidad (que no siempre es fácil que nos la den) para mejorar lo presente o directamente para hacer las cosas bien; eso sí, si lo sabemos aprovechar.

Elaboración propia de nuestro blog Frecuencia Nueva a partir de las siguientes fuentes y enlaces relacionados: